Como ya hemos visto, la destilación se fue incorporando a la vida europea por caminos que conectaban medicina, estudio, talleres y comercio. Pero su expansión no ocurrió toda en el mismo siglo.
Siglos XVI y XVII: el aguardiente gana espacio
La difusión de tratados y la adaptación de los aparatos facilitaron una producción más amplia. Los aguardientes de vino y otros fermentados encontraban usos distintos: remedios atribuidos en su época, mercancía y bebida.
Conviene distinguir la creencia histórica en propiedades medicinales de una recomendación actual. Que un boticario vendiese algo como remedio no demuestra que fuese eficaz.
El gin entra en la historia, pero el Gin Craze llega después
La tradición del genever y el desarrollo del gin inglés forman parte de este recorrido. Sin embargo, la llamada «locura de la ginebra» londinense pertenece sobre todo al siglo XVIII.
La estampa Gin Lane de William Hogarth, conservada en el British Museum, es de 1751. Por eso no sirve como ilustración de un episodio ocurrido íntegramente en los siglos XVI y XVII.
El dato parece pequeño, pero cambia el relato: hablamos de otra fase de urbanización, mercado y debate político.
Old Tom: cuidado con convertir la anécdota en prueba
La historia del gato en la pared que dispensaba gin es una de las más repetidas en coctelería. Se puede contar como relato asociado al nombre Old Tom, pero no como explicación única y definitivamente probada de todo el estilo.
Las bebidas adquieren nombres por caminos que mezclan prácticas, publicidad y leyendas. Parte del trabajo es distinguirlos.
De la farmacia al mercado
Lo interesante del auge europeo no es imaginar una corte entera enamorada de una marca, sino seguir cómo una técnica se convirtió en una actividad económica cada vez más visible.
Los tratados, los impuestos, la producción y el consumo cuentan esa transformación. Y también explican por qué, después, el alcohol se convirtió en un asunto de política pública.
Fuente para ampliar
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