Lecturas / Destilando la historia

Qué eran los cordiales: de la farmacia a los licores

Qué eran los cordiales y cómo pasaron de los remedios de botica al mundo de los licores. Una historia desde la antigua Farmacia Esteva de Llívia.

Por María de la Peña

Te pongo en contexto (que ya sabes que sin él, no hay criterio).

Hace unos días estuve en Llívia, un enclave español completamente rodeado de territorio francés, en los Pirineos.

Una de esas rarezas geográficas que tienen su explicación en un tecnicismo: cuando España cedió 33 pueblos de la Cerdaña a Francia en 1660, Llívia se quedó fuera porque tenía categoría de villa y no de pueblo.

Lo bueno del tema es que el acuerdo final se firmó en la propia Llívia, pero como el tratado hablaba de pueblos, pues allí sigue, española y rodeada de Francia más de 350 años después.

Pero no fui allí por su peculiar situación geográfica, sino por una farmacia.

La Farmacia Esteva de Llívia y su cordialero

Soy hija de farmacéuticos, así que visitar la antigua Farmacia Esteva era prácticamente obligatorio.

Ya había estado de pequeña (obvio...) y tenía ganas de volver. Ahora está integrada en el Museo Municipal y, aunque entiendo que las cosas hay que conservarlas, creo que ha perdido parte del encanto que recordaba. Pero bueno, supongo que todo evoluciona.

Por suerte, lo que nos interesa sigue allí: el cordialero.

Se trata de un mueble barroco del siglo XVIII, una "burrada" con columnas salomónicas, tallas, dorados y decoración religiosa.

Parece más un retablo de iglesia que un armario de farmacia, pero es que estaba destinado a custodiar algunas de las sustancias y preparaciones más preciadas de la botica.

Ya sé lo que estás pensando: "María, ¿qué tiene que ver todo esto con los destilados?".

Pues vamos a ello.

¿Qué eran los cordiales y para qué se utilizaban?

La palabra cordial viene del latín cor, cordis, corazón. Durante siglos se utilizó para designar preparados a los que se atribuía la capacidad de fortalecer el corazón, recuperar las fuerzas o levantar el ánimo.

Y digo "se atribuía" porque una cosa es lo que creían los médicos del siglo XVII y otra lo que sabemos hoy.

Algunos de aquellos cordiales contenían alcohol, algo bastante habitual en las antiguas farmacias y relativamente frecuente en las actuales.

El vino y los aguardientes se utilizaban para extraer compuestos de plantas, raíces y especias, además de ayudar a conservar las preparaciones. Así pues, los boticarios trabajaban con maceraciones, tinturas y destilaciones, técnicas que hoy asociamos perfectamente con la elaboración de bebidas espirituosas.

Imagina una mezcla de aguardiente, canela, clavo, piel de naranja y azúcar... hoy pensaríamos automáticamente en un licor.

Hace cuatrocientos años, según el contexto y el uso, también podía considerarse un remedio medicinal.

Eso no significa que todos los licores nacieran como medicamentos (aunque a las marcas les encante contarnos historias de monjes y boticarios buscando el elixir de la vida). Ni que aquellos preparados curasen realmente nada.

Simplemente, ambos mundos compartieron ingredientes, técnicas y conocimientos durante siglos.

¿Cómo pasaron los cordiales de la farmacia a las bebidas?

Y también compartieron palabras, porque cordial terminó pasando al vocabulario de las bebidas.

En inglés ya se utilizaba a principios del siglo XVII para referirse a determinados licores aromáticos y, con el tiempo, quedó especialmente asociado a bebidas dulces. Y aquí sigue, aunque según el país puede referirse a un licor alcohólico o incluso a un concentrado sin alcohol.

Así que una palabra que empezó describiendo las supuestas propiedades medicinales de un preparado acabó dando nombre a una bebida.

Y de eso me acordé al volver a ver el cordialero de Llívia... De pequeña seguramente me quedé mirando los tarros y los adornos. Esta vez me encontré pensando en lo mucho que la historia de los destilados comparte con la de la farmacia.

Y pensar que a mis padres les sentó fatal que dejase la carrera de Farmacia después de dos años...

¡Al final va a resultar que tampoco me he alejado tanto del negocio familiar!

La historia de la Farmacia Esteva también tiene nombre de mujer

Y una última curiosidad... La farmacia se llama Esteva, pero resulta que Nicolau Esteva no era boticario, sino fabricante de velas (de cera, que estamos en el Pirineo y mar queda lejos).

La tradición farmacéutica venía de su mujer, Jerònima Sala, hija de un boticario.

Y, sin embargo, el apellido que ha pasado a la historia es el de él.

¿Te suena?

Pues de esas mujeres que también hicieron historia, pero no siempre recibieron el reconocimiento que merecían, hablo en mi libro Destilando la Historia.

Puedes encontrarlo también en mis libros y seguir leyendo la serie Destilando la historia.

Sigue leyendo

Composición editorial inspirada en La ginebra nació en una botica, no en una barra

Destilando la historia

La ginebra nació en una botica, no en una barra

La ginebra nació como medicina: del enebro y el jenever a su expansión en Inglaterra. Historia, técnica y evolución de una categoría mucho más compleja de lo que parece.

Newsletter

Sin periodicidad fija: solo cuando hay algo que merece la pena contar.